30 enero 2007

Algunas preguntas. Algunas respuestas.

Ya os advertíamos en una entrada anterior que el amigo Vicente Manzano es una persona muy activa. Tiempo la ha faltado a la vuelta de su participación en el Foro Social Mundial -en realidad, parece que ha redactado estas líneas en el aeropuerto de Nairobi- para mandarnos sus primeras aportaciones a nuestra cita en Valsaín.
Como podréis leer, es un documento sencillo realizado con el propósito de ir estimulando el debate, antes de que este se lleve a cabo presencialmente. Os animamos a todas aquellas personas que queráis comentar algún aspecto o dar a conocer vuestra visión de lo que deberíamos abordar en el encuentro. Muchas gracias, Vicente.
Este es el texto:

Otra investigación es posible

Algunas preguntas. Algunas respuestas.

A propósito de la cita del grupo de Valsaín

¿Procede pensar en una carta de principios o intenciones? ¿Qué cosa es esa de “otra investigación es posible”? ¿Cómo puede entenderse si está redactada por oposición? ¿Es posible definirla y denominarla de tal forma que deje de ser “la otra”? ¿Qué pretendemos hacer de ella? ¿Una vía para un grupo reducido no reforzado por las vías ortodoxas? ¿Una intención divulgativa, una aspiración a ser virus que contagia, mancha que se esparce? ¿Cuáles son los problemas que deseamos solucionar y aquéllos a los que esperamos encontrar en este camino? Tal vez pensamos que la sentencia “la unión hace la fuerza” es el mecanismo apropiado para una investigación...

...con utilidad directa y evidente en la solución de los problemas planetarios (sociales o medioambientales, locales o globales, y cualesquiera otros dilemas artificiales) más urgentes.

... que no sea penalizada por los mecanismos institucionales al uso. Que encuentre una válvula de escape, de tal forma que la “otra fuerza investigadora” no siga engrosando la fila de la casta paria de la investigación, ni que sus miembros se sumerjan en una actividad esquizofrénica entre lo académicamente rentable y lo socialmente urgente.

... que rompa con las barreras administrativas, psicológicas y de inercia que alejan a la universidad con respecto a la calle, de manera que su actividad se oriente a la democratización del conocimiento, especialmente en el caso de los sectores de la población expulsados de la capacidad de decidir qué conocimiento se necesita.

... que extienda el concepto de Ética de la Investigación más allá del estrecho, cómodo y protector corsé actual, que reduce este asunto a dos frentes: 1) las buenas maneras de la clase científica para con la clase científica, y 2) un trabajo respetuoso, responsable y justo con las personas que participan en la investigación. Debe ser una ética que todo lo llene y que comience preguntando ¿Qué hacemos investigando esto? ¿No hay otra cosa mejor que hacer?

... que se atreva a jugar en la frontera impuesta entre la cordura y la locura, lo respetuoso y lo indomable, la determinación y el azar. Que se atreva a ser una fábrica de mutaciones, riéndose de la distancia entre el arte y la ciencia, entre la sensibilidad y el conocimiento.

Otra investigación es posible es una etiqueta a una investigación que realmente estamos haciendo, pero que se encuentra asfixiada por un entorno poco propicio. Tal vez estemos pensando en mecanismos que permitan:

  1. Responder a los interrogantes pertinentes.
  2. Ser divulgados, compartidos y puestos en práctica en una red extensa y cercana.
  3. Tener salida académica en eventos científicos y publicaciones.
  4. Obtener reconocimiento oficial del más alto rango.

Creo que hay dos principios que explican la mayor parte de la actividad académica y científica: la inercia y la adaptación prospectiva. El primero se debe al proceso habitual de ingreso en el gremio: la persona que inicia sus pasos lo hace en líneas de trabajo que ya están en marcha; no se plantea por qué, sino qué debe hacer, cuál es su hueco en el barco cuya existencia y rumbo no van a ser cuestionados. El segundo se refiere al ansia por responder a lo que se intuye o prevé que van a ser las exigencias del futuro, un futuro definido por las líneas reforzadas por la administración o el mercado. Este ansia catalizadora provoca que el futuro se haga presente y que lo sea antes de lo previsto.

Las únicas vacunas frente a la inercia y la adaptación prospectiva se me ocurren que son la libertad rebelde y la conciencia comprometida. Ambos elementos, para potenciarse en lugar de ser institucionalmente penalizados, requieren un entorno que sospecho intentaremos definir e impulsar en la cita de Valsaín.

Este documento se ha redactado con la intención de estimular el debate y adelantar reflexiones antes del encuentro físico.

Vicente Manzano – 2007 – Ningún derecho reservado.

1 comentario:

Javier dijo...

Hola:
Además de los comentarios de las personas que han adelantado el debate, a las que felicito, quiero seguir las impresiones de Vicente, que me parecen francamente oportunas. No es sólo que otra investigación sea posible como oposición, es que no necesariamente hay que seguir la estela de la investigación “como debe ser”. Si es absolutamente necesario investigar: ¿qué lo impide? Creo que las barreras administrativas de los que no piensan como los que frecuentan el poder, que son los que impiden que no se haga de otra forma, que “no valga”, porque si “vale” tiene que seguir los cauces reglamentarios. Si los políticos entienden la democracia como la participación ciudadana cada cuatro años, los investigadores la entienden como becas y ayudas en I+D, y todo lo que no sea ese rigor está fuera de lugar.
Estoy contigo, la actividad investigadores debería orientarse a la democratización del conocimiento, y siguiendo un trabajo respetuoso, responsable y justo con las personas que participan en la investigación y de las consecuencias derivada de la misma. Sigamos con la libertad rebelde y la conciencia comprometida.
Javier Castejón (Red de Evaluación Formativa)